A escote

A escote

Me ha dado el punto. Esta mañana he tenido una discusión con el auxiliar de un programa de atención a cascaos que gestiona una confederación de asociaciones del ramo, financiado con cargo al presupuesto autonómico y alguna entidad (en este caso Fundación La Caixa). La cuestión es que gracias a todos los contribuyentes españoles e impositores de Caixabanc, un puñado de 50 dis-ciudadanos que vivimos en la frontera con el inframundo, podemos levantarnos de la cama y acostarnos los fines de semana y festivos.

Mientras me realizan las tareas de mantenimiento (lavarme, vestirme, darme de desayunar, la medicación,…) hay que hablar de algo. Aunque en mi caso yo poco puedo decir porque no puedo hablar por causa de la traqueotomía que luzco, pero vamos, a base de leerme los labios y de esfuerzos en vocalizar por mi parte y de adivinar por parte del interlocutor, nos vamos entendiendo.

 Traslado de persona infectada del virus del Ebola [Clic para ampliar la imagen]

El caso es que tras repasar el tiempo, la cosa ha ido derivando a noticias de actualidad y Petra me ha preguntado mi opinión sobre la repatriación de un enfermo español que precisa aislamiento para el tratamiento de un virus contagioso. Mientras la cosa ha ido de mi experiencia, amplia, en eso de aislamiento para evitar el contagio de infecciones, la cosa ha ido bien. Aunque en mi caso los aislamientos han sido inversos, es decir que el personal que tenía que estar en contacto conmigo tenía que disfrazarse para no meterme en la habitación ningún virus. En el caso de la noticia el aislamiento era para que el enfermo no contagiara su enfermedad.

El pollo ha venido cuando hemos comentado el coste del traslado del enfermo, sobre este punto me remito al correo que le acabo de enviar a Petra. Lo reproduzco a continuación.

“Hola Petra.
Te escribo porque me expreso mejor por escrito que hablando. Quiero dejar claro que me ratifico en lo que he dicho esta mañana, que el coste de la repatriación del misionero no va a suponer gasto alguno para las arcas públicas. Te lo he dicho esta mañana y te lo ratifico ahora que he comprobado que lo que he afirmado es cierto, lo dijo el Presidente del Gobierno en varias ocasiones y de manera diferente, después del despacho con el primer español. “Esto lo va a pagar el Gobierno español, lo cual, por otra parte, es de puro sentido común”. “Evidentemente lo va a pagar el Gobierno español, es de puro sentido común”. “El Gobierno pagará la repatriación, como es su obligación”.
Creo que está suficientemente claro que el coste, cualquiera que sea, lo van a pagar los que se sientan los viernes en la mesa del Consejo de Ministros. Porque para que te enteres, el Gobierno es el “Conjunto de los ministros de un Estado”; lo dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua española y que yo sepa tú no formas parte del gobierno.
Así que no soy un ignorante ni un bendito que me creo todo. Si no creo lo que dice el Presidente del Gobierno ¿en quién puedes creer?.
Un casto beso
PD. . ¡Ah! Con el lio nos hemos olvidado de que me lavaras los dientes y ponerme la colonia.”

En este momento no puedo evitar que me venga a la memoria el personal sanitario que posibilita el que no abandonemos esta dimensión quienes no podemos rascarnos la nariz y precisamos de recursos personales y económicos hasta para respirar. Y no puedo menos que agradecer la solidaridad, que es un acto de justicia que ni humilla a quien la recibe ni enaltece a quien la practica, de todos los contribuyentes y cotizantes de la seguridad social. Me preocupan aquellos que opinan que no es viable la atención a la dependencia, que la dejan en manos de la divina providencia. Estoy meditando sobre si es viable el votar a quien dice que la atención al inframundo no el viable.

A mí lo que me viene quitando el sueño últimamente es una noticia relativa a la muerte en Grecia de una mujer que utilizaba respirador y falleció a consecuencia del corte de suministro por parte de la empresa. El caso es calcadito de otros ocurridos en Nueva Zelanda, Perú ,… hace un tiempo. En estos casos la explicación de la compañía fue que “No teníamos ninguna información sobre su estado de salud”, “el contrato no estaba a nombre del enfermo”, “el operario que practicó el corte de luz se limitaba a cumplir su trabajo” . En fin, que siento el aliento de Grecia en el cogote y estoy pensando en que el día que no pueda pagar la luz me planto en el hospital, porque no quiero que los miembros del Gobierno paguen mi luz a escote mientras se decide si se quema alguna neurona pensando la forma sensata de evitar el contagio Griego, porque la cosa ya ha saltado continentes.

Valencia, 9 de agosto de 2014