Ayudando a los mayores a dejar las Residencias, por un Hogar

Walter Brown fue trasladado a una vivienda pública después de haber pasado dos años en una Residencia.

EE.UU. Walter Brown nunca quiso vivir en una residencia, pero cuando sufrió un ataque hace dos años, no tuvo mayores opciones. El Sr. Brown, de 72 años, no podía caminar, mover el brazo izquierdo o transferirse a sí mismo a su silla de ruedas.

Walter Brown dijo después de un momento, que estar en una residencia “Era como estar en la cárcel.” Ahora, el “Tiene más confianza en el futuro.”

Elizabeth Kamara estuvo en una residencia, y dice de su actual piso, “Éste es un hogar; soy libre.”

“Era como estar en la cárcel,” dijo el Sr. Brown una tarde reciente. “En la residencia ties que hacer lo que te dicen cuando te lo dicen, ir a la cama cuando te lo dicen, comer lo que quieren que comas. La comida era terrible.”

Pero no hace mucho, trabajadores del estado [Pennsylvania] ayudaron al Sr. Brown a encontrar un piso de dos recámaras en viviendas públicas de aquí, que comparte con su hija. “Sencillamente me pone más relajado, con más confianza en mí mismo”, decía, hablando con alguna dificultad, pero con una amplia sonrisa. “Más confiado en el futuro.”

Un número creciente de estados de la unión están acercándose a personas como el Sr. Brown, que ha estado en residencias por más de seis meses, teniendo como diana refutar la noción de que una vez que las personas se han trasladado a una residencia, estarán allí para siempre. Desde 2007, MedicAid [el Programa de Salud de los Estados Unidos para personas de escasos recursos] ha formado equipo con 29 estados de la unión para financiar tales programas, permitiendo a las personas mayores de bajos ingresos y a personas con discpacidades, recibir muchos servicios en sus propios hogares.

El programa en Pennsylvania dota hasta con $4.000 [us dls] en gastos de mudanza, incluyendo una suma para mobiliario y reformas a los pisos, y el Sr. Brown tiene una ayuda sanitaria a domicilio todas las mañanas y un gestor de los cuidados, para servicios como fisioterapia. Los nuevos programas, financiados en gran parte con $1,75 billones de dólares de MedicAid, son un agudo parteaguas en relación con prácticas del pasado, en las que MedicAid prácticamente guiaban a las personas a las residencias.

Elizabeth Kamara, asistente personal [Clic para ampliar la imagen]

“MedicAid tiene una propensión muy marcada institucional en favor de las residencias,” aún para gente que no las necesita, decía Gene Coffey, un abogado del personal del National Senior Citizens Law Center [Centro Legal para los Ciudadanos Mayores de la Nación], organización sin ánimo de lucro. “La legislación federal obliga a los estados de la unión a proveer servicios residenciales. No están obligados a dar servicios a domicilio o comunitarios de base.”

Para el Sr. Brown, la transición a su propio hogar le ha cambiado la vida, decía. Ahora, con su silla de ruedas motorizada, cruza la ciudad en autobuses públicos para visitar amigos en otros barrios.

“Es una gran sensación,” decía. “En la residencia me levantaba a las 5 de la mañana, luego, el resto del día era sólo ver la TV o la reproductora de vídeos. Quería ser capaz de salir y ver gente, ver el mundo. No quería estar confinado. Ahora voy donde quiero.”

Los estados de la unión y el gobierno federal desean ahorrar dinero, aunque la investigación acerca de reducción de costos no se ha concluído hasta ahora. Un estudio reciente de investigadores de California, en San Franciso, descubrió que la ayuda a domicilio les cuesta a los contribuyentes $44.000 dlos menos al año que la estancia en una residencia –aunque esta cifra no puede ser usada para estimar los ahorros totales, porque a menudo, los servicios a domicilio sustituyen los cuidados familiares, no los cuidados en una residencia.

Alrededor de 1,5 millones de americanos viven en residencias

“Es sorprendente que tan rápido la gente puede ir a dar a una residencia,” decía Jean Janik, la directora de opciones de vida comunitaria en la no lucrativa Corporación para la Tercera Edad de Philadelphia. “Digamos que eres un hombre soltero que sufre un ataque, y necesitas ir a una residencia a rehabilitación. Eres mayor, de modo que no te recuperas muy pronto. Después de 60 días, Medicare [el programa de seguridad social del gobierno de los Estados Unidos que provee cobertura a gente de 65 y mayores] deja de sufragar los gastos y necesitas una subvención de MedicAid para poder seguir en la residencia. Entonces tu dinero de la Seguridad Social irá a parar a la residencia.”

Muchos pierden sus pisos y el apoyo regular de sus familiares, dijo la Sra. Janik.

“Nos encontramos con gente que dice, ‘Fui al hospital y de los siguiente que me entero es que aquí estoy. No sé que sucedió con mi piso.'” La Sra. Janik agregó, “Vamos a indagar, y no está a su nombre. Especialmente si no tienen un fuerte sistema de apoyo familiar en el lugar. Mucha gente sólo piensa, el tío Joe se cayó y se rompió la cadera y ahora está en una residencia, sea, allí es donde se quedará. La gente no se da cuenta que puede obtener servicios domiciliarios.”

Cada estado participante ha diseñado sus propio programa, llamado El Dinero Sigue a la Persona. El gobierno federal, que comparte los costos del MedicAid, aporta financiamiento extra el primer año. Algunos expertos están preocupados de que los programas terminarán transfiriendo algunos de los gastos de ayudas a mayores o discapacitados, a sus familias.

Carol Irvin, una investigadora senior en Mathematica Policy Research [Investigación en políticas en matemáticas] ha sido contratada por el área de servicios de MedicAid y Medicare para estudiar los costos del programa en sus primeros cinco años.

“Pudieran estarse transfiriendo costos a los familiares de las personas,” decía la Sra. Irvin. “Pero aún si no se está ahorrando dinero, mucha gente cree que vivir dentro de la comunidad es lo correcto para los individuos.”

Elizabeth Kamara, de 72 años, pasó 18 meses en una residencia después que se le amputó el pie izquierdo a causa de la diabetes. La Sra. Kamara puede deambular con la ayuda de un andador, pero en la residencia se pasaba días enteros en una silla de ruedas.

“Dejo que la gente me haga las cosas,” decía. “Me dicen, ‘Si te caes, nos metemos en problemas. Por favor siéntate.'”

La Sra. Kamara se ha mudado a un sitio de vida independiente, donde cocina platillos de su natal Sierra Leona y recorre los pasillos a sus anchas. Se aplica ella misma inyecciones de insulina y hace que una amiga la lleve en auto a sus citas con el doctor. Un(a) ayudante viene dos veces a la semana para ayudar con la limpieza. “Este es mi hogar; soy libre,” decía. “En la residencia había dos personas por habitación. Aquí tengo mi privacidad. Puedo hacer que me arreglen el pelo, las uñas.”

Susan C. Reinhard, un vicepresidente senior del Public Policy Institute [Instituto de Políticas Públicas] AARP, dijo acerca del programa El Dinero Sigue a la Persona: “Se ha ganado la atención de los congresistas, y demostrado que las personas pueden dejar las residencias. Es un despertar.”

Para Esther Pinckney, de 88 años, que fue a dar a una residencia después de un ictus, mudarse ha sido literalmente una bocanada de aire fresco. La Sra. Pinckney ahora vive en un bien iluminado piso en el que recibe la ayuda a domicilio dos veces al día.

“¿Qué es lo que no me gustaba de la residencia?”, se preguntaba hace poco. “¿Qué hay de bueno en el mal olor, mal olor, mal olor, mañana, tarde y noche?”

Debido a que la Sra. Pinckney perdió su piso y sus muebles mientras estaba en la residencia, la Philadelphia Corporation for the Aging [La Corporación de Philadelphia para la tecera edad] le compró su nuevo menaje de casa y un horno de microondas. Antes, decía, su cheque de la Seguridad Social iba a la residencia; ahora paga el 30 por ciento de su cheque para la renta. “Ni siquiera podía comprar un refresco,” decía la Sra. Pinckney. “Uno quiere ser independiente, ¿no? Eso es lo que yo quería.”

La vida por su cuenta no ha sido perfecta, admitía. Los ayudantes a veces no se presentan o se la pasan hablando por teléfono.

Pero su pastor la lleva a la iglesia cuatro veces por semana, y puede ir a tiendas cerca de su edificio. Si su salud fallara nuevamente, decía, no le gustaría pensar en regresar a una residencia.

“Ni lo menciones,” dijo, apretando la cara. “No quiero hacerlo.”

Philadelphia, EE.UU. 18/09/2009. AUTOR: John Leland. FOTOS: Jessica Kourkounis. TRADUCCIÓN: Gerardo García. FUENTE: Nytimes.com

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