¿Desvirtuando conceptos – reafirmando statu quo?

Recientemente, la Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad del Congreso de los Diputados – encabezada en su presidencia por un abogado y especialista en seguridad y política exterior, por una mujer casada con una hija (toda la información que aparece en su ficha personal) y un técnico especialista en dibujo lineal- ha instado al Gobierno a “promover el uso de la denominación ‘persona con discapacidad’, para referirse a una persona concreta, y ‘personas con discapacidad’ para referirse al grupo.” (SERVIMEDIA, 2018) coincidiendo con la postura del Comité de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) y defendida por una de las vocales de la Comisión y diputada del PP, María Dolores Alba, que argumentó que el término diversidad funcional  “invisibiliza al colectivo” y “es ambiguo”, ya que “puede referirse tanto a las personas con discapacidad como a una persona zurda” denunciando el “paternalismo”[1] de quienes emplean el término ‘personas con diversidad funcional’, porque “se creen en mejor posición” que las propias personas con discapacidad para referirse al colectivo.

Parece que su postura, respaldada por la terminología empleada en la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ratificada por España en el 2006) y en la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (del mismo año), se enfrenta a la terminología empleada por el Grupo Confederal de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea. Así, parece que pudiéramos encontramos ante un conflicto ideológico que se denuncia desde un aparente desconocimiento del concepto -que no término- Diversidad Funcional y el Movimiento de Vida Independiente que lo respalda. Inconsciente, quiero suponer, por parte de Dña. María Dolores Alba que utiliza las bases de este para desacreditarlo; estratégico, me temo, desde el CERMI.

El CERMI se ha opuesto al uso del término Diversidad Funcional en anteriores ocasiones, pero también a las demandas del Foro de Vida Independiente, a pesar de que algunos de sus miembros desarrollan su vida bajo las premisas de este. No solo no ha apoyado ni difundido sus planteamientos y acciones, ha explicitado a sus organizaciones que no lo hagan a través de comunicaciones internas en las que recuerdan que dicho Movimiento no es respaldado por la Organización, que ésta se expresa a través de sus propias iniciativas y que obedece únicamente a sus propios planteamientos, objetivos y estrategias.

El CERMI debe ser conocedor de que las demandas de las personas que utilizan y se reconocen en el concepto de Diversidad Funcional se centra en la denuncia de la discriminación que las Personas con Discapacidad sufren por el hecho de tener un funcionamiento diferente y que abogan por reclamar y disfrutar de los derechos reconocidos en las leyes que citan, contando con los apoyos que requieran para desarrollar una vida independiente. Acaso hay un matiz, fundamental me temo, que diferencia esa lucha: la autogestión de los apoyos y, por tanto, de la vida de las propias personas con Diversidad Funcional. Y esto, queridos seres humanos discriminados o no por nuestra forma de funcionar, parece el quid de la cuestión. Si a través del Modelo de Vida Independiente y de la figura de Asistencia Personal, que se está apropiando y distorsionado desde el Movimiento Asociativo reconocido y representado por el CERMI, se ofrece una alternativa real que hace posible la participación de personas con Diversidad Funcional en la vida escolar, laboral, social, política y cultural que les corresponde como ciudadanía, parece paradójico que el llamado Comité de Representantes de Personas con Discapacidad no lo apoye.

El Modelo de Vida Independiente y, por tanto, el concepto y reconocimiento de las personas con Diversidad Funcional en el mismo, pone en entredicho la razón de ser del tinglado de la discapacidad y del CERMI mismo. Si yo decido cómo vivo en mi entorno ordinario, tu razón de existir desaparece, pues seré YO quien me represente, sin necesidad de que me guíes en el camino de la escolarización discriminatoria, el desempleo o la reclusión en Centros Especiales, por no hablar de la vida de encierro en una residencia que gestionas, a través de tus Entidades y empresas.

El lenguaje es una herramienta que nos permite interactuar con el entorno, aprender de él, modificarlo y ajustarnos a sus demandas. También es una herramienta de construcción de pensamiento, de identidad propia y colectiva. “Lo que no se nombra no existe” dicen que dijo George Steiner; no lo sé porque le haya leído, lo sé porque a través del lenguaje de otros, en este caso de otras -las mujeres feministas- lo he aprendido. Es decir, a través del lenguaje que escucho y aprendo primero, leo y escribo después, me formo como el ser humano que soy. Y creo y cuestiono, y pienso e investigo, desarrollo mi humor y expongo mi malhumor. Ese lenguaje que aprendo en el campo en el que me muevo, que concreta y se concreta en mi habitus y genera y me enseña mi doxa, siguiendo la propuesta de Bourdieu (2009). Así que no es “inocente” y me interpela también, como esas disposiciones que, disimuladamente, me indican cuál es mi sitio y desde dónde me pienso y te pienso.

El lenguaje es poder. Y se adquiere, como los gustos y disgustos, a través del aprendizaje total, precoz e insensible que proporciona la familia y la institución escolar en primera instancia, y el aprendizaje tardío, que se desarrolla a lo largo de la experiencia de vida y en contacto permanente con quienes nos lo enseñan (Bourdieu, 2016. pp 74). Las empresas y organizaciones que gestionan las vidas de las personas con discapacidad están accediendo -además de a la definición de los Servicios que dan lugar a espacios estructurados en entornos excluyentes que simulan normalidad en lo que el disfrute de sus derechos se refiere- a la concreción terminológica de lo que es válido para reconocerte como ser humano. Están creando ideología; están definiendo al otro diciéndole cómo es correcto llamarse y, por tanto, comportarse. Porque el lenguaje transmite ideologías; aunque estas “no se expresan y reproducen solamente mediante el uso del lenguaje, sino también por medio de otras prácticas sociales (tales como la discriminación y la exclusión) …” (Dijk, 1999)

A través del lenguaje expreso mis creencias compartidas por mi grupo, doy palabra a las prácticas que me reconocen como miembro de este, me diferencio de otros. Así, mi posición social me sitúa en una voz, que cuenta al mundo lo que soy y lo que me diferencia de ti. Y se está vetando el pronunciarme con otro nombre, a otra forma de ver el mundo, de verme en él. Una forma en la que se tambalea la estructura montada para justificar la exclusión en la que viven actualmente en nuestro país cerca de 4 millones de personas[2] y que, no casualmente, forman parte de un CERMI que debería tener luchas más urgentes que atender. Por tanto ¿pueden explicarnos por qué es tan importante para ustedes defender un término? ¿sería posible tener una comunicación abierta y honesta sobre la incomodidad que parece producirles que se hable de otras formas de vivir las vidas de las personas que deciden reconocerse en un movimiento alternativo? ¿podemos abrir una reflexión conjunta en la que reconozcamos que no es posible vivir de manera homogénea la diversidad?

Me pregunto si, como apuntaba Judith Butler en El género en disputa, en relación con la dificultad de pretender una categoría normativa y excluyentes en lo que se entendía o entiende por “mujer” al dejar fuera “multitud de intersecciones culturales, sociales y políticas en que se construye el conjunto concreto de «mujeres»” (Butler, 2007. pp. 67) no puede estar pasándonos lo mismo, al intentar encorsetar sentires diversos en un término que no parece incorporar a quienes se reconocen en una filosofía de vida que va más allá de mendigar un apoyo educativo, un empleo protegido o un techo institucionalizado que asegure el levantarse de la cama.

Y desde aquí, y siguiendo con Butler, lanzo sus preguntas como reflexión necesaria para avanzar en lo que quiero suponer que une: la conquista en la práctica diaria de los derechos de los cojos, ciegos, sordos, mudos, mancos, autistas y demás diversos funcionales o personas con discapacidad: “¿Es precisa la «unidad» para la acción política eficaz? ¿Es justamente la insistencia prematura en el objetivo de la unidad la causante de la división cada vez más amarga entre los grupos? Algunas formas de división reconocida pueden facilitar la acción de una coalición, justamente porque la «unidad» de la categoría (mujeres) ni se presupone ni se desea.” (Butler, 2007. pp 69)

Madrid, 15 de marzo de 2018

@paradojacoja

Obtenida de https://stevenfeinberg.com

Referencias

Bourdieu, P. (2009). El sentido práctico. México: Siglo XXI.

Bourdieu, P. (2016). La distinción. Barcelona: Taurus.

Butler, J. (2007). El género en disputa. Barcelona: Paidós.

Congreso de los Diputados. (15 de 03 de 2018). Obtenido de Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad del Congreso: http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Diputados/BusqForm?_piref73_1333155_73_1333154_1333154.next_page=/wc/composicionOrgano&idOrgano=345

Dijk, T. A. (1999). ¿Un estudio lingüístico de la ideología? En G. P. Sweis, Discurso, Cognición y Educación. Ensayos en Honor a Luis A. Gómez Macker (págs. 27-42.). Valparaíso-Chile: Ediciones Universitarias de la Universidad Católica de Valparaíso .

Rodríguez-Iglesias, Í. (14 de 03 de 2015). Modelos textuales como ideologías lingüísticas y capital simbólico. Anuario Brasileño de Estudios Hispánicos, 25: 2., São Paulo, Brasil, 141-151. Obtenido de https://www.mecd.gob.es/brasil/dms/consejerias-exteriores/brasil/2015/publicaciones/abeh-xxv/12-rodriguez.pdf

SERVIMEDIA. (13 de 3 de 2018). EcoDiario.es. Obtenido de http://ecodiario.eleconomista.es/sociedad/noticias/9001131/03/18/Discapacidad-el-congreso-insta-al-gobierno-a-promover-el-uso-de-la-denominacion-personas-con-discapacidad-en-vez-de-con-diversidad-funcional.html

 

[1] Entrecomillado en el artículo.

[2] Según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia. 2008 del INE.