Inevitablemente nuestro

He amado a muchas de mis asistentes personales, siempre mujeres, posiblemente la razón este cerca de la construcción social que manejo de quien debe verme el coño sin violentar gozosamente a mi sexualidad.

Sin entrar en quien me pone la piel de gallina, cuales son sus genitales o si me regala corazones. He amado a muchas de mis asistentes personal porque ha sido inevitable. Inevitable no enamorarse por instantes de aquellas que destrozaban conmigo realidades, llenas de energía y con picaras sonrisas.

Hemos estado donde no se puede demasiadas veces, como para no enamorarme, ha sido inevitable.

Las mismas que me han acompañado a tocar el cielo, han tenido el valor de enfrentar día a día la vida que toca, las rutinas puestas e impuestas, los muros con los que no te peleas porque no quieres o no toca, y juntas nos hemos dado la vuelta y hemos vuelto a eso, a lo que aburre o toca, a la vida, a su trabajo, a mi vida, a aguantarlas y a que me aguanten.

Se han amoldado a mi, a los cambios, a muchos cambios, a mañanas grises y rápidas en las que no se llega, donde la vida se va en un suspiro y en el sudor de su frente.

A momentos tranquilos en los que están sin parecer que están, silenciosas, permitiéndome recordar diapositivas de mi vida sin ellas presentes, aunque estuvieran.

He tenido separaciones frustradas, lentas y tranquilas, sin muchas palabras, con cariño y respeto, o con conclusiones dolorosas.

Hemos generado sentimientos, negarlo, es casi negar que las personas somos sociales y quedárselos dentro, es dejar de vomitar sanamente lo que debe quedar fuera, pero también, vamos manejándolos, para no desentender que hay dos parcelas; su trabajo y mi vida.

Porque enamorada de muchos recuerdos, de ellas, esto va de relaciones laborales, sí laborales, pero con mucho de derechos y de carencia de ellos, con amor, desamor, y mucho de todo.

Ha sido y es denso estar solas decidiendo, hablando o deshaciendo dónde esta la parcela de cada una, la remunerada, la de los espacios necesarios, la de mi vida, la de su profesión, la del respeto.

En muchas ha sido necesariamente en solitario donde se ha resuelto primariamente lo que pasaba con nosotras y en menos, cuando no hemos sido tan maravillosas, lo que nos hace maravillosamente humanas, fuera, en las normas, en la ley, donde se ha rematado lo que no resolvimos solas.

Me he equivocado muchas veces gestionando mi vida independiente, su trabajo, demasiadas para olvidarlas, e insuficientes para poder definir de que va esto de la asistencia personal, tengo mucho recorrido desconocido, y también lo tienen ellas, aunque no dejamos de estar en la senda, para tener la posibilidad de triunfar, errar y volver a definir que estamos haciendo.

Enamorada, inevitablemente sólo puedo permitirle a ellas que definan su trabajo y el mío, y que me permitan hacer lo mismo, para seguir pensando una figura laboral que respeta mi forma de vivir y desvivir y se respeta a sí misma.

Puede que la asistencia personal sea para el movimiento de vida independiente una dolorosa relación romántica que tiene mucho que redefinir para amar en libertad, para trabajar en libertad, para vivir en libertad.

Pero solo inevitablemente enamorada, puedo atreverme a ver, que aunque desde otras mesas de despacho quieran definir de que va esta relación, laboral, atractiva y venenosa, no hay opción a que otros decidan qué necesitamos, es demasiado intensa para definirla desde fuera, porque no es una relación practica o aleatoria, sino una relación muy cargada de lo que somos cada una y de lo que necesitamos, con la compañía oscilante del tiempo, que no deja nada donde está, porque está en frenético movimiento.

Olvídenlo, esta historia de princesas, puede necesitar cambiar mentiras conocidas y desconocidas por ambas partes, pero las vamos a resolver nosotras, las personas que vivimos y peleamos la asistencia personal.

A ellas y a Vicente Valero,

que compartía el gustazo de pelear con un pensamiento y transmitirlo en un papel.

Siempre aquí habrá hojas en blanco que guardaran tus artículos. Faltaran eternos

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Acerca del Autor Elena Prous

Elena Prous, en el FVID desde 2009, Estudió enfermería y ejerció durante unos años hasta comenzar a dar vueltas en estudios sobre derechos humanos, escritura creativa y en la actualidad, Antropología.
Activista de punzón y charletas, es articulista en la revista Infomedula.org desde 2008 y bloggera desde 2012 en tambiendebajodelagua.com.

Acerca de Elena Prous

Elena Prous, en el FVID desde 2009, Estudió enfermería y ejerció durante unos años hasta comenzar a dar vueltas en estudios sobre derechos humanos, escritura creativa y en la actualidad, Antropología.
Activista de punzón y charletas, es articulista en la revista Infomedula.org desde 2008 y bloggera desde 2012 en tambiendebajodelagua.com.