Lo que supuso y está suponiendo el virus político de la poliomielitis

Mari Ángeles Sierra Hoyos

Podría decir que lo sucedido en España con la Polio y ahora con el síndrome postpolio fue y es esperpéntico; pero no, por el contrario y además de eso, podemos aseverar que lo que aconteció en torno a esto, más allá de los problemas de salud en muchos casos innecesarios fue terriblemente canallesco. Como canallesca fue la dictadura en que para entonces vivíamos cuyo máximo interés desde la transición hasta la consolidación de una democracia de escaparate, ha sido sin duda silenciarla.

Mientras en otros países de Europa y Estados Unidos allá por los años 50, 55, se detuvo su propagación, gracias a una exhaustiva administración de vacunas, -que tampoco lo fue tanto-, pero sin duda mucho más rigurosa que la que tuvimos en España, aquí, hasta 1968, con un superior conocimiento sobre el control de la situación, no fue erradicada. Eso sin contar que gran parte de los vacunados a los que no se les haría el seguimiento de las recomendadas revacunaciones, se convirtieron en reos de la negligencia, de los equipos de mandamases sanitarios del dictador, quienes se olvidaron de volver tras la cacareada publicitación en nodos y revistas de la temporada, consintiendo con ello que este virus destruyera para entonces familias enteras, pero muy especialmente el futuro de los niños de la polio, que hoy ya somos, incluso abuelos

Numerosos grupos pertenecientes al entorno rural y las clases bajas en una España pobre mísera y amedrentada, fuimos sin duda los que más sufrimos el azote de la polio. La precaria o nula pertenencia de garantías sociales y sanitarias obligó a muchas de nuestras familias a empeñar lo poco que tenían o a prácticamente mendigar en busca de nuestra salvación primero, y prometida e imposible curación, que vendría a significar el sobrecargarnos de un sobre esfuerzo innecesario que tendría sus repercusiones, las mismas que hoy estamos viviendo.

Los hospitales, regentados en su mayoría por el inmisericorde clero de aquellos años, como no podía ser de otra manera y bajo las direcciones de expertos médicos de la vieja falange, e incluso la nobleza, más interesados en su notoriedad que en el efectivo ejercicio de sus funciones, se llenaron de niños de la polio, convertidos en cobayas, tanto sanitarias como publicitarias del régimen. Los milagrosos niños milagro de la dictadura. Los héroes del dolor y el sufrimiento, castigo de dios a su vez por lo que hubieran podido hacer en tiempos pasados sus míseros progenitores, con los que había que ser misericordiosos para terminar de limpiarles la cartera, para convertirlos en sus esclavos e incluso aprender con lo que consideraban los inservibles cuerpos de sus hijos, un poco más de anatomía humana y de manejo del bisturí.

Miles fuimos quienes vivimos esta realidad; negligencia de estado perpetuada en el tiempo pero muchos más miles, millones, incluyéndonos a nosotros, tampoco quisimos saberlo y ya va siendo hora de ir abriendo boca.

Inmersos en una falaz normalidad o inclusión social pasados muy duros, durísimos tiempos, después de entre 40 y 50 años, nos encontramos con un fantasma nuevo. El síndrome postpolio. Y digo fantasma, porque siendo un hecho probado, como tal nos lo están vendiendo. Nuestro sistema neurológico se deteriora a pasos agigantados por el tremendo esfuerzo en busca del milagro de la normalidad a que sometieron nuestras vidas, lo que crea unas repercusiones y unos riesgos sanitarios, que nuestro actual sistema ni quiere reconocer, ni mucho menos afrontar.

De los pocos que alcanzaron en la mayoría de situaciones de forma esclavizante una vez más el empleo, para propaganda de los herederos de hoy, se están viendo abocados a jubilarse de un modo anticipado, sin que nadie quiera reconocerles lo que se supone es un derecho, viéndose obligados a transitar tribunales de justicia para que les den la razón, que no en todos los casos consiguen y no tener que subsistir con míseras pensiones, como desgraciadamente ya subsistimos quienes por razón de discriminación nunca fuimos contratados, ni enchufados en administración alguna, o aquellos otros que conforman la mayoría de afectados de polio, para quienes no existen derechos.

Tal vez fuimos, somos y seremos, el reflejo de un virus político, contagioso e incurable que pervive en el tiempo, del que solo desde la unión, el sentido común, la acción y la palabra, nos vacunaremos.

02/07/2009. AUTORA: Mª Ángeles Sierra Hoyos.
FUENTE: diversidadfuncional.blogspot.com

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