Con los deberes a medio hacer

Tras la última prórroga de la Xunta, el programa piloto de AP rematará el 1 de marzo sin cumplir las expectativas deseadas

La asistencia personal (AP), concebida por la filosofía de vida independiente como una de las herramientas básicas para proporcionar autonomía a las personas con diversidad funcional (discapacidad), cuenta en otros países con una ancha trayectoria y fuerte implantación. El caso de Galicia es diferente, donde a pesar de la existencia de voces individuales que llevan trabajando a favor de la AP desde hace años, esta aún está dando sus primeros pasos gracias al proyecto piloto de AP de la Xunta que incluye a 30 usuarios de toda la comunidad. Dos años después de su comienzo, en el camino quedan indudables beneficios pero también fuertes críticas a un proyecto que no llegó a cumplir las expectativas puestas en él.

"Fue un cambio de la noche al día, que no del día para la noche", aclara Manuel, uno de los usuarios de este programa inspirado en el artículo 19 de la Convención de la ONU para las personas con discapacidad, en el cual se establece el derecho la una vida independiente para las personas con diversidad funcional así como que "se adopten las medidas necesarias que faciliten la plena inclusión de estas personas en la comunidad". Manuel no lo duda al enumerar los cambios que supuso para él contar con un asistente en su día a día: "te permite levantarte de la cama, hacer tu propia vida o estar con la gente. Te sientes capacitado y te levanta la moral", y por eso asegura que ahora vive “una vida independiente”.

Otro caso similar es lo de Yago, de 27, para quien la AP representa su independencia en todos los sentidos: "Independencia familiar, a nivel académico y a nivel social", explica este joven natural de Vilaxuste, en Portomarín. "Los trabajos que me llevaban 15 días, los hago en la mitad" lo que también repercutió positivamente sobre sus estudios. Pero Yago cree que la posibilidad de tener un asistente personal supuso sobre todo una liberación para su hermano, de quien hasta ese momento dependía para casi todo.

También este es el caso de Lolita, otra de las seleccionadas para participar en el programa piloto. Su principal apoyo son su familia y su madre, una mujer muy mayor y achacada por la edad a la que le cuesta valerse por sí misma pero que debía estar pendiente de su hija las 24 horas del día. "Me sentía una persona dependiente, sin un futuro más allá de mi silla de ruedas", explica la propia Lolita. Por eso, contar con un asistente personal dice que le cambió la vida, y no sólo a ella, sino también a su madre. Lo único que lamenta son las escasas 30 horas de asistencia de las que dispone a la semana, que no cubren ni domingos ni festivos.

Algunos cuentan con el apoyo de su familia y amigos para esas horas sin asistencia, otros se ven obligados a exprimir al máximo sus pequeñas pensiones y contratar a una persona, pero también hay los que carecen de esas posibilidades y pasan el día en la cama sin poderse levantar.

30 horas que hay que aprovechar al máximo

Sólo hay que hacer los cálculos: cinco horas al día no son suficientes y "hay que aprovecharlas al máximo", comenta Juan, también en el programa, casado y con dos hijas pequeñas. "Sólo durante las mañanas ya casi consumo todas las horas de las que dispongo", y después queda hacer frente al resto del día. Admite que antes dependía de toda la familia y dice que ahora tiene más libertad, una idea en la que todos los usuarios coinciden, a pesar de que esa libertad tiene un límite horario.

Asimismo, la falta de AP durante las noches supone una gran dificultad para muchos de los usuarios, como es el caso de David, estudiante de 28 años que cree que la AP es la mejor manera de lograr su autonomía. Para él es precisamente durante estas horas cuando mayores necesidades tiene de asistencia, y por eso reconoce que "no entendió" la razón de estas nuevas condiciones. En un comienzo, el programa consistía en 40 horas semanales, que incluían también las noches, pero finalmente quedaron reducidas a 30, sólo en horario diurno.

Es precisamente esto una de las cuestiones que más preocupa a Elsa, con un hijo de 12 años, y que vio como sus horas de asistencia se vieron recortadas de manera drástica hace un año. A pesar de que en su caso las horas nocturnas no son vitales, sí señala que fue un cambio "brusco", tanto para ella cómo para su asistente, porque las horas se reducen, pero el trabajo sigue siendo el mismo.

Fin del programa piloto

Tras una última prórroga, el próximo 1 de marzo el programa piloto verá su fin. A partir de este momento Cogami dejará de ser la responsable de la gestión de la AP y serán los propios usuarios los que decidan entre contratar a autónomos o a una empresa de servicios sociales, como hasta ahora lo hizo Cogami, para que se ocupe de la gestión.

Entre los usuarios hay partidarios y detractores a ambas posibilidades, incluso quien opina que el servicio debería estar directamente gestionado por la Xunta, y no por otras empresas ya que "los 1300 euros de la ayuda se perderían entre los intermediarios", algo similar a lo que ocurre ahora. El programa "está colgado por hilos", dice Juan, quien cree que no hay un verdadero interés en que este continúe, porque se así fuera, la propia Xunta sería la gestora, evitando los intermediarios y "las ayudas darían para bastantes más horas".

El debate está abierto ya que ninguna de las opciones parece satisfacer totalmente las necesidades de los beneficiarios. Por su parte, la Xunta, lejos de atender al éxito conseguido en otros proyectos similares cómo el de la Oficina de Vida Independiente (OVI) de Madrid o la de Barcelona, prefiere dejar los deberes a medio hacer.

13/01/2010. FUENTE: VIgalicia.org

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