Hacia una inclusión… posible??

Para hablar de verdadera inclusión, tal vez deberíamos abrirnos todos el cerebro y que nos inoculasen un gen nuevo, transformador, no segregador, aperturista, no capacitista, defensor.

Se ha vuelto a ganar una batalla. Una batalla errante, en una gran guerra de incomprensión social, de paternalismo administrativo, de segregacionismo y mala voluntad política. Una batalla individual, que si bien, afectará a “algunos” y abrirá un camino para alumnos que podían quedarse apartados del sistema educativo, por una mala interpretación del art. 74.1 de la Ley de Educación, no “afectará” al ordenamiento jurídico de este país, aún sin acomodar a la Convención de la ONU de Derechos para personas con Discapacidad, ni “afectará” a aquellos que han hecho de su “sillón” su atalaya, para poder hacer una interpretación sectaria y segregadora de las leyes.

Deberíamos estar muy felices, ante esta nueva sentencia del TSJA que nuevamente presenta a la administración como ese enorme gigante, amenazante y amenazador para todas las familias de este país que creen en la INCLUSION. Sin embargo, esta victoria, tiene ese sabor agridulce, del tener que soportar vivir en una sociedad donde supuestamente los derechos y libertades son iguales para todos. Eso no es cierto. Las personas con diversidad funcional y sus familias, en este país a diario sufren maltratos. Hay “maltratos” que no se ven, es más, que nunca nadie los estimará como tales, pero que minan, que hieren, que devastan.

La sociedad debería cambiar la mirada hacia la diversidad funcional. Ya vivimos los tiempos del paternalismo, de la caridad mal entendida…. ahora estamos en otra etapa. Una etapa donde los niños deberían  crecer sin establecer diferencias, sin creer que al que es diferente hay que apartarlo, y para ello, la sociedad debería protegerlos de actitudes que marcan esas diferencias desde las capacidades, y debería de enseñarles a mirar desde el único elemento común de todos los individuos en el momento de nacer: la dignidad.

No se pueden crear mundos paralelos, no podemos crear una peluquería solo para los niños rubios, una escuela sólo para los que midan 1,30, un gimnasio para los que hayan nacido en tal ciudad,… Hoy no hay asientos en los autobuses sólo para blancos, aquello ya pasó a la historia. Sin embargo el sistema educativo español, se empeña a diario en establecer guetos, y el sistema legislativo lejos de legislar de acuerdo a la Convención de la ONU  se empeña en crear nuevas leyes y ordenamientos contrarios a derecho, con visiones y espíritus lejos del ideario establecido por Naciones Unidas

La sociedad necesita cambios en su escuela. Queremos una escuela para todos. Para ello hay que dejar a un lado la palabra NO. El niño no puede. El niño no sabe. El niño no es capaz…. Y además dejar de utilizarla sobre todo en futuribles “no hará” “no podrá” “no aprenderá” “no le servirá”…. Futuribles que condenan de por vida no sólo a los niños sino a todo su entorno. Un entorno educativo, carente de análisis como para buscar soluciones, carente de ilusiones como para enfrentarse a nuevos proyectos, carente de inquietudes como para establecer una escuela de todos y para todos.

Segregar es fácil, sencillo, tal vez hasta lógico desde las mentalidades neardenthales de algunos componentes de sistema educativo, y sobre todo… es GRATIS. Uno puede desde la cúspide de su poder (educativo, legislativo o judicial) segregar por gusto, sin perjuicio personal ninguno, sin merma social.

Una sociedad que deja que su escuela se fragmente estableciendo  diferencias entre los que pueden o/y los que no, desde criterios subjetivos, perpetuando desde edades tempranas “la capacidad” como la  llave que abre o cierra la posibilidad de estar o no incluido en la misma, es sin duda una sociedad maltrecha, herida en profundidad, que con sus actitudes inyecta casi de forma invisible, aunque también maquiavélica, la discriminación en las mentes más infantiles. No nos damos cuenta que si sembramos discriminación, dejamos crecer a una sociedad discriminatoria.

La sentencia del TSJA da un pequeño respiro a una parte de la población. Sin embargo, hay mucha población que no puede o incluso alguna no quiere, entender este respiro. Si tu sufres y lo pasas mal, y tienes que irte ante un tribunal a solicitar que te restituyan derechos que tienes reconocidos en la Constitución Española, es tu problema, yo voy a mirar para otro lado, mientras a mi no me duela….

Esta sentencia pone una vez más sobre la palestra las carencias de nuestro sistema educativo. Un sistema que desprotege al que entiende más débil, que hace interpretaciones sesgadas de los “ajustes razonables” que la ley establece para los niños con diversidad funcional, que imposibilita a los niños a crecer enriqueciéndose de la diversidad humana, que angustia a los profesores y profesionales dispuestos a trabajar, que también los hay (afortunadamente) porque los encierra en jaulas metodológicas, con objetivos que cumplir, encorsetados, carentes de medios… y los va convirtiendo en pequeños oasis dentro de un desierto.

Gracias a esos “profesores oasis” que creen en un mundo inclusivo, renovador, ilusionante, enriquecedor, que luchan contra viento y marea por INCLUIR  a todos.

Gracias también, a los abogados, jueces, fiscales, que contribuyen al cambio. Necesitamos más contundencia.

Gracias a las familias implicadas. El apartheid educativo, que vivís muchos de vosotros, conlleva situaciones que los ajenos nunca entenderán. Conlleva sufrimiento y dolor, mucho, muchísimo, incomprensión, desesperación, no hay puertas donde llamar, porque ninguna se abre, hay demasiados nudos en el estomago para intentar que todo esté dentro de la normalidad que vuestros hijos y vuestra familia necesita, y que la sociedad os niega. Una normalidad lejana, muy lejana, porque quedan demasiadas secuelas por el camino, en salud, que ya no se curan, en tiempo, que ya no retorna, en daño psicológico, que nadie ve….

Y sobre todo y especialmente, gracias a Alejandro Morales, por gritarle al mundo “aquí estoy yo”.

Estoy convencida que otra escuela es posible, Portugal, Finlandia… son ejemplos de ello. Otra sociedad tolerante, respetuosa e inclusiva de verdad, también es posible, falta un punto de reflexión, entorno a todo esto. A la sociedad le costó reconocer el lugar de los negros, o los gays, o entender las situaciones de maltrato por violencia de género…. pues estamos en lo mismo. Ídem.

Carmen Ocaña Gómez