Despreciados en el Spa

MADRID. El pasado sábado 14 de febrero, un grupo de amigos fue tratado con cierto desprecio por algunos de los profesionales del Spa municipal de Collado Villalba. La razón, la más absurda de todas: eran personas con discapacidad intelectual.

Como cada sábado, un grupo de nueve amigos de Galapagar decide qué hacer esa tarde: cine, bolera, café… ¿Y por qué no una visita al Spa municipal de Collado Villalba? Con las ganas e ilusión de cualquier grupo de ocio, a las 16.20 los chicos y chicas (más bien diremos señores y señoras, ya que la edad media ronda los 30 años) llegan a la recepción del fantástico y nuevo Centro Deportivo villalbino. Un caballero les atiende. Sin embargo, algo parece no marchar bien. El recepcionista pide al portavoz del grupo que vaya en busca de la responsable del Spa. “¿Qué ocurre?” Pregunta algún despistado. Pero nadie sabe darle respuesta.

Los dos compañeros del centro deportivo, recepcionista y responsable, charlan casi susurrando durante unos minutos. “Tenéis que rellenar unas hojas con vuestros datos médicos”, les dicen. “Pero si yo estoy muy sano”, replica el más joven. Aún así, los nueve amigos optan por colaborar. “Vaya, no hay suficientes fotocopias… Dadme un minuto”. Exactamente 10. Ya eran las 16.45 de la tarde.

Cuando por fin, con papel y boli, los amigos se disponen a rellenar con su nombre y firma unas hojas médicas (“Insisto, yo estoy perfectamente”, objeta aún el compañero), entran al Centro un sano y hermoso papá con dos preciosas niñas pequeñas. “Disculpen”, dice una profesional del Centro al grupo de amigos; “¿Podrían ir a otra sala a completar los formularios?”.

Cuando aquella señora nos pidió que nos retiráramos a otra sala, me negué por completo a apartar a mis amigos de la recepción pública. No obstante yo cedí y acompañé a la mujer a firmar el último de los nueve formularios a una habitación colindante. Para rematar, aquella tarde, apareció un médico que decía no responsabilizarse de ninguno de mis amigos, ya que antes tendría que hacerles un reconocimiento, que por supuesto no iba a hacerles.

Nos cobraron 110 euros por entrar una hora tarde al Spa, como bien dice el ticket que ellos mismos me fotocopiaron, a las 17.15. Nuestro autobús de vuelta a casa nos recogía a las 18.00. Podrán comprender entonces que el baño fue de escasos 20 minutos.

Mi pregunta es clara. Si mañana mi pareja y yo fuéramos a disfrutar del maravilloso Spa municipal que ofrece Collado Villalba:

  • ¿Tendría que pedirle permiso a la responsable del Spa?
  • ¿Me harían rellenar una hoja con mi ficha médica?
  • ¿Me pedirían cambiar de sala para firmar dos papeles?
  • ¿Un médico me haría saber que no se responsabiliza de lo que pueda pasarme?

Y, entonces, ¿tardaría una hora en pisar por fin las piscinas termales?

Las tres monitoras que acompañaban al grupo de seis personas con discapacidad intelectual, queremos nuestra indignación con el servicio que estos profesionales (y digo profesionales por pura educación) nos brindaron. Porque todos nos sentimos discriminados. Porque no nos hicieron sentir integrados. Porque su ignorancia nos amargó una tarde de ocio.

Quisiera, eso sí, nombrar a Bella, responsable del Spa, que una vez en el agua nos trató con muchísima amabilidad y sin perder la sonrisa.

Paula Aldea Calzón | Andrea Aldea Calzón

3/03/2009. FUENTE: ElMundo.es

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